Un lector desconocido

Escribo y no sé para quien, no sé quiénes serán mis lectores. Uno se vuelca en lo que escribe, se lanza al abismo de lo inesperado, a la incertidumbre. La vida de Szura es sin lugar a dudas interesante, apasionante. Pero… ¿sabré expresarme bien? ¿Podré transmitir sentimientos, descripciones, entusiasmo y miedo, en fin su vida en una forma amena y profunda a la vez?  Termino los primeros capítulos de lo que espero algún día sea un libro. Lento, trabajo lento. Días inspirados en donde las palabras corren, fluyen, se desvanecen entre las páginas, segundos iluminados. Noches en vela al filo de emociones encontradas. Dudo, vacilo entre ideas, frases que se aparecen en mi mente, me aventuro, escribo y releo lo escrito, borro, tacho, vuelvo a escribir. Me atrevo a pedirle a una amiga que lea las primeras páginas, me anima, me quiere, me dice lo que quiero escuchar. Pasan los días, meses… me arriesgo de nuevo y le obsequio el borrador a otra amiga, las  hojas sueltas, me cuenta, se le han volado con el viento, sin embargo, se entusiasma con la historia, quiere seguir leyendo el desenlace. Me he entumecido, no escribo muy seguido, leo, sí, leo mucho, me empapo de datos, geografía, historia de la región; Lituania, lejana en el tiempo aparece en mis sueños que en ocasiones son pesadillas. Desconfío de mí misma y sin embargo, sigo adelante. Termino el primer borrador, es un simple esbozo de lo que pienso va a ser un libro que todavía no tiene título, es el primer manuscrito de la historia de Szura desde que nace. Otra amiga me propone dárselo a un lector desconocido. Gracias… Sus palabras me alientan y me dicen que siga adelante, esa persona que jamás sabré quién me ha dado el poder de sentirme capaz de lanzarme a volar, a mirar las estrellas sin preguntarme si habrá una rosa que me espera, como decía el Principito. El anónimo me escribe palabras que me empoderan, que me nutren y me lanzan hacia un futuro incierto:
“Hace unos minutos terminé de leer su LIBRO… Siento el alma incomoda dentro de mí. Qué difícil es encontrarse con un libro el cual crea un sentimiento doble: Quiero terminarlo lo antes posible, pero al mismo tiempo, despacio, déjame digerir, aprender y sentir sus palabras.”
Me siento sublime, pero vuelvo a tambalear. Corrijo, vuelvo a adentrarme en la lectura, corto frases, arreglo metáforas, invento, recreo escenarios imaginarios. Recuerdo las palabras de Szura, su seguridad, su aplomo, pero desfallezco, me aprisionan mis indecisiones, pero vuelvo a mi lector incógnito:
“Le puedo decir que el libro me apresó inmediatamente. Su contenido y descripciones fueron abrazándome rápidamente haciendo sentir mi corazón palpitar y en ciertos momentos, perder unos cuantos latidos.”
Que alegría poder aferrarme a esa ilusión que me permite seguir escribiendo, seguir soñando en publicar un día mi manuscrito, duermo feliz con sus palabras grabadas en mis venas, no obstante, la sangre se agolpa en momentos, estrangula mi capacidad creadora. Me afianzo al recordar las palabras de quien leyó mi escrito sin expectativas ni compromisos. El libro se ha convertido en realidad, finalmente tengo el titulo, es un hecho, es Una Amapola entre Cactus.

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