Mis vecinos los partisanim

Era mi primera asignatura  en el Centro de Documentación del Holocausto de la Florida; tenía que transcribir el testimonio de una sobreviviente de la Segunda Guerra Mundial. Me coloqué los audífonos como me indicaron, me senté frente al teclado de la computadora dispuesta a trabajar. 
Comencé a escuchar el relato, la voz rasposa con un acento pronunciado me resonó en los oídos. Lo primero que la mujer dijo fue haber nacido en Novogrudok… ¿escuché bien? Me pregunté, retrocedí el cassette para volver a escuchar… Novogrudok dijo la voz que provenía de la antigua grabadora; prosiguió a deletrear N O V O G R U D O K. ¡Es el pueblo vecino a Lida en Bielorrusia donde había vivido Szura una vez casada con Sioma! Apenas hacía unos meses había yo visitado exactamente ese pueblo como parte de mi investigación ¿Sería posible que esta sobreviviente hubiera conocido a Szura?
La mujer habló de su infancia, de sus padres, de su hermana. Pronto llegó al capítulo de su vida donde explicaba las circunstancias en las que se encontraba cuando los nazis invadieron la región. Escapó a los bosques uniéndose a la resistencia del grupo de Tevie Bielski que funcionaba como guerrilla en contra de los alemanes.  No podía yo dejar de escuchar hasta que la grabadora quedó en silencio, mis dedos dejaron de teclear. ¡Tenía que encontrar a esta persona! Ella había sido testigo de la vida en los bosques como guerrillera en la misma brigada que Szura. Me era imposible conseguir sus datos para comunicarme con ella, si es que aun vivía.  Su teléfono o dirección eran confidenciales.
El destino me ayudó a resolver el acertijo cuando un tiempo después vi un documental que narraba la historia de los hermanos Bielski y su lucha contra los nazis. La pantalla titilaba en la oscuridad de mi cuarto, una mujer de cierta edad relataba sus experiencias, la voz áspera se me hizo conocida. ¡Era la misma mujer con acento extranjero de quien había yo transcrito unos meses antes sus experiencias durante la guerra!  Tomé su nombre, inmediatamente lo escribí en la red de internet. Me apareció un número de teléfono local…
No me atreví a marcar. Pasaron meses antes de que me animara a comunicarme con ella. Me decía que seguramente era alguien que llevaba el mismo nombre ¡Era imposible que esta sobreviviente hubiera estado en el mismo campamento guerrillero que Szura! ¡Cuales eran las probabilidades que esta mujer además viviera en la misma ciudad que yo!
El día en que finalmente decidí quitarme de dudas, me contestó la misma voz que me era familiar. Logré convencerla de que me recibiera y cuando anoté la dirección me di cuenta que desde la ventana de mi casa podía yo ver donde vivía. ¡Había sido mi vecina todo este tiempo y había estado tan cerca de mí!
Su plática me guió por la pusȥcɀa, esos bosques densos de Bielorrusia. Con candidez me informó que no se acordaba de Szura ni de Sioma, pero me dio los datos de otros sobrevivientes que sí los conocieron; con sus anécdotas fui llenando los huecos de mi texto en donde Szura había sido parca, y poco a poco los distintos testimonios enriquecieron mi relato con distintos enfoques.

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