La cervecería familiar plasmada al oleo

Las fotografías antiguas que Szura guardaba de la infancia de su marido atestiguaban que la cervecería Pupko había sido magnificente.  Una nota de gracia y un regalo del azar en la red del internet, una tecla que abre un panorama en la pantalla reluciente y de pronto aparece un cuadro pintado al oleo con el fondo del edificio de ladrillo, la torre labrada con la fecha de su fundación y una carreta en el frente… Pintado en 1916 notifica en una esquina el autor y con su firma y nombre marca su paso por la tierra para la posteridad, Joger está escrito. ¿Me pregunto cómo puedo obtener informes de donde se localiza la pieza ahora? No es una obra maestra pero seguramente perteneció a la familia Pupko,  esa era su casa la que plasmó el artista, esos eran sus dominios desde 1876.  La búsqueda en la red fue desaforada y un buen día un hombre…. en Bielorrusia contestó mi mensaje cibernético en un inglés rudimentario y cortado. Me  escribía que el cuadro se hallaba en posesión del museo de la ciudad. Yo solo quería una fotografía de mejor calidad para poder observarla, no pretendía reclamar la pintura, pero para él, que vivía en uno de los pocos países que siguen siendo comunistas, cuando la Unión Soviética ya se ha convertido en Rusia y el muro de Berlín hacía ya tiempo que se había derrumbado, tenía miedo por el solo hecho que tener comunicación con el exterior.  No olvidé mi interés por el óleo que atestiguaba los primeros años del siglo XX dentro de la industria familiar de cerveza Pupko en el pueblo de Lida y cuando viajé a Bielorrusia por segunda vez en el año 2009, vi con mis propios ojos los edificios conservados por la gentileza del destino que no los quiso borrar, insistí al guía que nos llevara al museo de la ciudad para poder observar de cerca el cuadro. Un edificio lúgubre, de paredes grises albergaba esta pequeña ventana al pasado de Szura.  Cuál fue mi alegría cuando la curadora del museo hizo sacar de las bodegas el cuadro de colores oscurecidos por un barniz añejo. Allí estaba el labriego a la mitad de la pequeña calle privada, allí las paredes que vieron a Sioma Pupko traer a su joven esposa Szura desde Niemencine, allí la entrada a las bodegas donde se almacenaba el hielo en los meses de calor, las chimeneas de la empresa cervecera, y al final, la salida al río y al aserradero.   El cuadro pintado por Joger en 1916 permanecería en el museo, probablemente olvidado por todos, su valor artístico no era gran cosa, y seguramente sería guardado de nuevo en las bodegas donde el polvo y la oscuridad serían sus mejores compañeras.  No podíamos dejar pasar este momento tan emotivo, queríamos el cuadro, lo queríamos,  era de Szura que aguardaba nuestro regreso en México. No lo conseguimos, y cuando ya estábamos dispuestos a partir, la directora del museo sugirió que podían hacernos una copia a cambio de un pequeño pago.  El cuadro llegó  a México seis meses después. Szura lo vio y su sonrisa se congeló pensando en el pasado.

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